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Para conocer mejor a Santa Teresa, es necesario introducirse en sus escritos, no como un lector de su historia ni como un estudioso de la literatura renacentista, sino como alguien que, con una actitud dialogante, abierta y reflexiva, pregunta y busca respuesta. Porque Teresa nos habla introduciéndose dentro de nuestro corazón y removiendo las bases sobre las cuales tenemos sustentada nuestra vida, de tal manera que genera en nosotros una respuesta personal. De ahí lo interesante y novedoso de los escritos de la Santa.
Al conducirnos por caminos enraizados en lo más hondamente humano y en contacto con lo divino, nos ayuda a encontrarnos con lo más íntimo y particular de nuestra fe. Santa Teresa no da respuestas, solo sugiere, porque está cierta de que la experiencia personal es precisamente eso, una experiencia irrepetible, teñida y enmarcada en el contexto de cada realidad particular.
Lo que podamos descubrir en sus escritos es lo que ya de alguna manera está impreso en nuestro corazón. Teresa es una especie de punta de lanza para iniciar un camino espiritual que nos introduce en una dimensión distinta, en una realidad en la que se conjuga la fe y la vida, de tal modo, que la una no se concibe sin la otra.
Porque la experiencia espiritual de Teresa es una invitación a abrir la puerta para entrar en el propio castillo interior, no podemos dejar de asomarnos a lo que han sido sus más grandes obras: Vida, Camino y Moradas.
El Libro de la vida, es un tratado de vida espiritual que surge a partir de la recapitulación de su propia historia. A la Santa le interesa transmitir la doctrina que ella saca de sus experiencias. La tesis que defiende Teresa en este libro, es que la oración transforma la vida. En él nos relata que la constancia en la oración le permitió pasar del contraste entre lo humano y lo divino (Cap. 7-8), a la armonía con Dios (Cap. 9). Nos dice también que la oración es ser amigos de Dios, no pedir mercedes, entendiendo el verbo ser como un estado permanente, por lo tanto la amistad, según Teresa, pone en juego a toda la persona (Cap. 11, 1-4). Por último en este libro Teresa hace una preciosa declaración que compendia toda su experiencia de oración, definiéndola de la siguiente manera: “Orar es estar muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”.
En el libro Camino de Perfección (Cap. 26, 28, 29), Teresa defiende la misma tesis: La oración es un camino en el que el ser humano se va transformando conforme persevera en un diálogo abierto y sincero con su Señor, cual si se tratara de un amigo. “El señor te va haciendo a su condición” -dice- para tu plena realización.
Aunque fue escrito como una carta de formación a sus monjas por petición expresa de las mismas, este libro constituye un compendio del camino que la Propia Teresa tuvo que andar y de sus aprendizajes espirituales, emanados de los acontecimientos de la vida diaria, que organiza, profundiza y presenta como una ascesis para estar más cerca de Dios.
En otras palabras, La Santa nos enseña a vivir de la mano de Dios, lo cotidiano
Por último en su libro Las Moradas la Santa nos presenta diferentes niveles en que puede establecerse la relación con Dios y, como es habitual en ella, nos lo explica a través de una alegoría : “El alma es como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. En el centro y mitad tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas más secretas entre Dios y el alma.”
De este modo, y con la maestría propia de quien conoce el camino, Teresa nos invita a edificar la casa interior, a volver a vivir desde dentro, a volver del exilio e ir al encuentro de quien nos habita, para desde ahí, relacionarnos con las personas, las cosas y la naturaleza. Por todo esto y mucho más, vale la pena escuchar la Palabra de Teresa de Jesús.
Marcela Bloomfield G.
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